OSCAR MATTHAIS

OSCAR MATTHAIS

EL SUREÑO DE MARZO

Oscar De Matthais. 86 años. Desde y para siempre en Lugano. Las mismas baldosas. La misma calle. Así en Lugano cómo en el cielo.

Don Oscar Matthais y su hija Araceli

Entrevistar no es sólo preguntar y recibir respuestas. Es mucho más. Percibir. Obtener respuestas sin preguntas.

Dos revelaciones ofrece Don Oscar a la primer oteada: desmiente la edad que carga y no es el viejo león de paso para controlar la manada. La dirige. Desde el vamos marca territorio y la entrevista transcurre con el patriarca de pie cómo un granadero. Firme y apuesto en su puesto de combate. Cómo un cura al púlpito en el más duro sermón. Durante la nota no se moverá un milímetro, cómo en un duelo del viejo oeste que por obvias razones con treinta y pico de años menos; yo perderé.

Su rostro es manso, cómo su mirada, pero tiene una firmeza que desplaza toda idea posible de blandura. Es un hombre calmo y afable, con garbo y gracia en su decir de palabras justas.

El inolvidable tío Aureo

El abuelo Petronilo Del Rey llegó de Navarra, sólo y con catorce años, para vivir con sus tíos en Congreso. Trabajó cómo electricista.

En España comenzaban los tiempos más oscuros. Había perdido la guerra de Cuba con Estados Unidos y el 9 de julio de 1909 se embarcó en otra: la de Marruecos que terminó en 1927. El buen destino quiso que el joven Petronilo con su llegada a América pasase de una posible guerra tan estúpida cómo todas; a un futuro de estirpe propia.

Oscar recuerda su niñez y su adolescencia y el Lugano de entonces. Cuándo con subirse a un cajón se veía la pampa. Todo campo y el disfrute juvenil de llegarse hasta el Puente La Noria –el viejo, el de “fierro”- y a bañarse y a pescar –¡Créase o no!-. Su escuela 23 donde hoy esta la Comisaría 48. Recuerda a su maestro Marinelli y cuál Bernardino Veiga recita el apellido de sus compañeros de corrido haciendo gala de su memoria.

El Dr. Luppino, un gran Neurólogo Jefe del Santoianni allá por los ’90, decía que había dos oficios que de ejercerse durante un tiempo largo mantenían las neuronas “milongueras” (SIC), a saber; librería y ferretería. La cantidad de artículos de distintos nombres, formas y tamaños, hace que quienes las atienden se transformen en verdaderos bancos de datos.

Ese mismo 1909 el joven Petronilo compra un terreno en la Lugano del todo por hacer. Seguro por la propaganda del mundo nuevo. De Congreso a Lugano era la vuelta al mundo. Si perdía el tren correcto se bajaba en mataderos y se venía caminando de noche pateando ranas y al otro día a “la capital” a trabajar de vuelta. Pero así y todo, levantó su primera casa (donde hoy viven “Los Felipe”).

“La primera del barrio” dice Oscar con el orgullo de formar parte de la verdadera historia. De la mejor. Su vida y la de la ferretería están atadas por lazos invulnerables. De chico correteaba entre una puerta y la otra, y hoy, aunque ya no corre, las puertas siguen abiertas para aire único en el mundo. El de su reino sobre la tierra.

Se casó con Carmen Luguercio y para ayudar a la economía, traía mercaderías del centro que su buena mujer vendía y así se fue formando primero un almacén de ramos generales, luego el corralón y la ferretería.

La histórica ferretería Del Rey

Oscar no fue lo que se podría llamar un tipo formal a la hora de formar su intelecto y así cursó 3 años del Otto Krausse, un tiempo en la Marina, otro en el Ejercito y sus estudios de ingles, francés y piano. Su avidez de conocimiento lo llevaban a los saltos de un espacio de pensamiento a otro.

El hombre de los ojos claros conoce a una hermosa muchacha, cuyo padre puso un taller a mitad de cuadra, recién venido de 9 de Julio. Lucía Frontini el nombre de la doncella y el ferretero que no tardó en arrastrarle el ala y de ahí al arroz un paso.

El abuelo Petronilo ya es todo un comerciante y empieza a meter su propia sangre atrás del mostrador: primero con su tío Aureo y así con Oscar tiempo después y así un largo tiempo hubo 3 generaciones al mostrador

Oscar y Lucía se casan y llegan Araceli y Darío sus dos hijos. Araceli conoce a Carlos Caruzzo y llegan a su turno Sebastián y Gizella. Darío, el otro hijo, desposa a Andrea que le da dos hijas Chiara y Bianca. Hablar de la familia es su debilidad. De hijos y nietos por igual. Con Oscar no se cumple la simpática frase: “Los nietos son el regalo que Dios nos hace por no haber matado a nuestros hijos”.

El abuelo un día, cómo tantos otros se retiró. Petronilo colgó el delantal a los 82 pirulos y Aureo y Oscar siguieron adelante. Luego le llegó el tiempo de descansar a Aureo y Oscar siguió sólo.

Y la vida recompensa. Cuando Oscar ya pensaba en el merecido retiro, entra por la ventana del amor por la historia familiar de ese mandamiento llamado “negocio”; su hija Araceli.

Hace ocho años. Y Oscar lejos de aflojar (y con la excusa de colaborar con su experiencia), se enfunda otra vez el ambo Grafa y al mostrador de vuelta.

Cómo los genes mandan y el cuerpo obedece, Araceli a esta altura, sabe y palpa el rubro cómo el viejo Almirante y dicta cátedra al alumnado fiel que generación tras generación siguen comprando en “su ferretería” –porque ya es de los vecinos más que de la familia-

El Oscar privado es un misterio sin misterios. Le gustaba armar autos primero con su hijo y después con su nieto. Un viejo jeep sobre todo. Le gustaba la caza. Hoy jugar con los nietos y mirar algo de tv.

Salvo entrevistando a Moria o a Maradona, es muy difícil hacerlos hablar de si mismos, de cualquier cosa parecida al autohalago. Entonces, cómo con el Dr. Solé, hicimos lo único que puede salvar la nota; hablar con la hija. La única contra era lograr que Araceli hablase sin que la presencia del viejo lobo le haga escatimar los dichos. Por aquello de la humildad que en ocasiones no deja que se conozca bien al personaje.

“Mi papá es un gran tipo. Ustedes pueden ver que cada cliente es un amigo. Y a la mayoría los vio nacer. Tiene carácter pero es un tipo tranquilo. Adora jugar con sus nietos. Es cómo se lo ve. Es un ejemplo para todos. Hace 8 años que estoy en la ferretería; no era justo que se perdiera y lo mejor de todo es que el sigue….”

Otro rubro que sorprende de Oscar es su claridad intelectual y su firmeza ideológica. La vida al revés que a otros de su generación lo ha dotado de una practicidad a la hora de definir poco común.

Oscar en Frases:

“El mundo se acerca a un socialismo moderno que tiene la obligación de ser inteligente para salvarse” (lo dijo en noviembre)

“Antes se vivía de otra forma. Con otra filosofía: el que ganaba 100 ahorraba lo que podía. Hoy el que gana 100 gasta 100, el que gana 200 gasta 200 y así se vive esclavo del consumo”

“El gringo de antes laburaba de barrendero se comía un sandwich de cebolla y los sábados y domingos se hacía la casa y hoy no laburamos aunque haya laburo y pedimos viviendas dignas y encima gratis”

“El abuelo jamás quiso nada gratis, no garroneaba nada y a mi nunca me gusto nunca pedir. Eso lo heredamos de el..”

“Perón no fue malo, pero no todos los que lo rodeaban eran buena gente”

“Acá se recolectó dinero para la construcción del hospital abandonado –al que hoy llaman Elefante Blanco_ y nunca se hizo y menos los vecinos vimos un peso de los que pusimos en la Cooperadora. Y fueron muchos los que pusieron……..”

“Hay mucho que hacer. Mucho que corregir, pero hay cosas que mejoraron; hay libertad de expresión, la justicia funciona cómo puede, pero funciona…”

“El abuelo de los Vázquez no traía los materiales al corralón con la chata”

“El aire de la ferretería es saludable”

“Son cuatro generaciones y el negocio sigue. Es nuestra vida. La de todos. Y es una muy buena vida”

No puedo parar de trabajar. Tendré toda la eternidad para descansar.

Madre Teresa de Calcuta

Este mueble es nuestra última visión y el mejor sello para esta nota; tiene más de 100 años y lo compró el abuelo Petronilo cuando empezó…y ya era viejo.

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