OTRO MUERTO EN LA TOMA DE LUGANO

OTRO MUERTO EN LA TOMA DE LUGANO

Se trata de un ciudadano paraguayo

CRÓNICA DE UN MUERTO OLVIDADO

A cien días de la toma del predio de la Villa 20, ya son dos los muertos, aunque en este caso se trató de una muerte natural, pero un hecho casual casi desata una seria trifulca entre tomadores y gendarmes.

por Víctor José Del Vento
vehículos de la Policía Federal para el traslado de fallecidos
vehículos de la Policía Federal para el traslado de fallecidos

Desde que comenzó la toma, hubo no pocos rumores sobre fallecidos en reyertas internas entre los tomadores del terreno, pero desde Noticiario Sur hemos seguido la causa y no ha habido constatación policial ni judicial alguna que certifique esto.

Pero el viernes 23, a las nueve y treinta de la mañana, en una de las construcciones precarias del predio tomado, un ciudadano paraguayo de mediana edad, falleció a causa de un cáncer terminal, mientras se encontraba con su madre. Su estado era por demás grave y extrañó a varios de sus compañeros presentes en ese momento, que con lo avanzado de su mal, pernoctase en semejantes condiciones y que tuviese aún fuerzas para este reclamo que vienen sosteniendo.

Una vez fallecido, la madre y unos vecinos se acercaron a los gendarmes destacados en el interior de la Villa 20 para comunicarles el deceso, a fin de que estos cumpliesen con las medidas judiciales de rigor. Para ello, el personal de Gendarmería comenzó a llamar a la “morguera” alrededor de las 10:30 de la mañana.

Lejos de cumplir con el pedido y con los reiterados llamados de los efectivos de Gendarmería, la morguera suele tener horarios “elásticos” para acudir a los llamados según el lugar donde se encuentre el óbito y las circunstancias de su fallecimiento. Es habitual que suelan tardar menos en acudir a “levantar un muerto” si este se encuentra en la vía pública o al alcance de la vista y paso de terceros, pero demoran más si el cadáver no está expuesto a la vista de otros (ejemplos: en un domicilio privado, un lugar alejado)

El punto es que toda fuerza de seguridad sabe de esto, pero por mesura no hacen comentarios sobre el tema porqué son justamente erráticos en sus tiempos, -que además son bastante justos por la cantidad de fallecidos que la ciudad tiene por día-, con lo cual la incertidumbre cuando no llegan en horarios con demoras “razonables”, se transforma en molestia para los allegados.

Y este fue el caso en esa mañana de la Villa 20, porqué a pesar de ser advertidos familiares y vecinos del muerto, de las usuales demoras por parte de los Gendarmes, estos comenzaron a manifestar de forma cada vez más vehemente, su fastidio por la demora que juzgaban incomprensible.

Conforme las horas pasaban, aunque los Gendarmes con tino volvían a insistir en su pedido, la morguera no aparecía, y los ánimos se caldeaban cada vez más y los dos únicos efectivos presentes en ese momento se encontraban rodeados por más de 50 personas de tono áspero. A las 14:00 decidieron pedir apoyo y se sumaron otros dos, que para el final de la jornada llegaron a ocho que a duras penas contenían a los vecinos cada vez más iracundos.

Para las 5 de la tarde la situación empeoraba porqué la familia y los vecinos amenazaban con la disposición del cuerpo para darle cristiana sepultura, situación que en todo momento evitó la Gendarmería explicando una y otra vez las implicancias de no cumplir con las correspondientes diligencias judiciales.

Como en toda situación de conflicto donde opinan varios, un grupo alentaba a la madre del fallecido para levantar el cuerpo sin más y disponer de él, lo cual llegó a un punto de ebullición que casi provoca, –vaya paradoja-, el primer enfrentamiento entre fuerzas de seguridad y tomadores, por un motivo ajeno al que puso a ambas partes en ese sitio.

Así también hay que destacar que la sangre no llegó al rio porqué privó la cordura en otro grupo que entendía la situación y veía claramente que los Gendarmes no eran el problema.

La situación se resolvió cerca de las 9 y media de la noche cuando llegó la morguera y fue recibida por aplausos de un sector y por insultos del otro. Con su partida pudieron retirarse los efectivos de Gendarmería.

Noticiario Sur dialogó con personal de la fuerza, pero prefirieron guardar silencio, pero quedó a las claras el disgusto por una actitud incomprensible por parte de los responsables de la morgue judicial, ya que a las claras no es el sitio de la toma, un escenario “fácil” hoy día, y situaciones casuales como esta son las que suelen originar estallidos inesperados de personas involucradas.

EL CASO ANTERIOR

Durante la primera noche de toma, en febrero, hubo una pelea en la que asesinaron a Osvaldo Soto de tres tiros. Eso le dijo a Cosecha Roja su hermana. También contó que Osvaldo tenía dos hijos, dos perros chihuahuas y dos trabajos: uno manejando el camión de la basura y otro en un hospital. Vivía con su madre, Trinidad Loaiza, una de las primeras en habitar Villa 20.

– ¿No podés correr el fuego un poco para allá que le hace mal a mi sobrina? –le dijo Osvaldo.
– ¿Por qué lo tengo que correr? –dicen que le contestó el paraguayo.
– Porque le hace mal a mi sobrina.
– Esperame.

Osvaldo creyó que el hombre no iba a volver. Pero cuando lo hizo, fue con un arma. Laura, su hermana, contó que cuando le pegó el primer tiro en la pierna, Osvaldo intentó levantarse. Pero el hombre le pegó otros dos: uno en el estómago y el otro en el corazón.

Cuando lo balearon, los vecinos llamaron a la ambulancia pero no apareció. Era el tercer ausente de la noche: no estaba tampoco el fiscal ni ningún representante del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Entre los vecinos frenaron un colectivo y subieron a Osvaldo para llevarlo a la salita, pero murió.

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