EL SAMURAI DE SOLDATI

EL SAMURAI DE SOLDATI

por Alejandro Conzón

Miguel Gugliotta vive en Soldati. Pocos vecinos conocen su arte. Sin embargo es uno de los más grandes DEL MUNDO en su oficio. El bajo perfil no es una pose en su caso, sino una condición innata de su disciplina artística y de su filosofía de vida.

Sensei Gugliotta
Sensei Gugliotta

Gugliotta Sensei fabrica “Katanas”. Sables de samurais para los iniciados. Pero las katanas de don Miguel son cómo las piernas de Diego Maradona; reconocidas en el mundo por su excelencia sin igual. Los cultores del ambiente “del filo”, veneran a Gugliotta Sensei por su conocimiento y su generosidad. Quienes lo tratan, descubren un artista inédito: sin ego y con el más absoluto desprendimiento.

El hombre calmo le quita al acero el espíritu y las formas, a su imagen y semejanza. El yunque es su templo y la maza su vara mágica que pinta con el acero rojo flúo a 800° centígrados. Si bien en su fortaleza y rodeado de sus samurais obreros crea distintas armas blancas, su sublimación cómo gran maestre armero son las tradicionales katanas, que fabrica siguiendo técnicas antiguas que las hacen tan insignes cómo las de 1000 años ha en Japón. Estas armas emblemáticas de los legendarios samuráis, miden entre 60 y 90 centímetros y si se pasan de esas medidas se las llaman; tachi katanas o katana largas. Pero las katanas difieren según el guerrero: ancho de hombros, largo de brazos y peso. Las katanas para hombres pesan un kilo a un kilo y medio y las creadas para las mujeres entre 600 y 800 gramos.

Dice Gugliotta: -Comunes o tradicionales, entre una katana y otra no hay diferencia en la prestación mecánica”. Una se fabrica siguiendo los pasos de la tradición y la otra no; una hoja está hecha con acero Damasco* –compuesto por cientos de capas– y la otra con acero común. Para lograr estas diferencias hay que iniciar el proceso desde la transformación del hierro en acero mediante la combustión con carbono. -Lo tiene que hacer uno. Cargar el hierro con vida.

El trabajo para cada katana requiere alrededor de un año y medio. Hay que dejar estacionar el material. Se esperan los mejores momentos del día o de la semana para trabajar en él. -Hay que estar en un estado de tranquilidad y armonía con el ambiente y con el acero.
Hasta el momento lleva hechas unas 20 katanas tradicionales.

Gugliotta se acercó a las artes marciales a los 25 años. -Era muy nervioso, muy loco, y mi médico me lo recomendó para que descargara…, cuenta. Y así empezó a practicar karate. En la escuela de artes marciales se interesó por las armas y fue allí donde se enteró de lo que era una katana. Se propuso hacer una; -En realidad, no sabía cómo era una katana original, pero sabía que tenía que ser distinta, dice. Aunque investigó, no encontró a nadie en el país que supiera este oficio. Finalmente consiguió un libro japonés del maestro Yoshihara y, guiado por las fotos, comenzó a experimentar: -Hacía hojas, las rompía, seguía…, recuerda.

En 2000, a Gugliotta lo llamaron del programa Sorpresa y Media. Un gran maestro japonés accedió a probar sus espadas. Una vez reunidos, el maestro le pidió permiso para tomar uno de los sables. (Permiso, porque la tradición indica que sólo pueden tocar el arma su dueño y el que la fabricó.) -Las probó con gran destreza y dio su veredicto: me dijo que una era buena y la otra muy buena.
Seis meses más tarde viaja directo a Japón para encontrarse con el maestro máximo; Yoshihara, que le dijo que no debía copiarlo, sino encontrar su propia forma. -Fue como entrar en la foto del libro que tanto había observado

Por mucho tiempo Gugliotta fue camionero, sensei, mecánico y artista. Hoy se dedica únicamente al taller. Fabrica los pedidos de los clientes y enseña cursos de forjado a unos 30 alumnos; -algunos hacen cuchillos para sobrevivir, otros como terapia . Cuando llegan a cierto nivel, para continuar el aprendizaje necesitan la katana

Fuentes consultadas:

Máximo Marchionni
Medieval Arme
Diario La Nación
El cuchillo Artesanal

*El sable de damasco que tan bien describe Salgari en Sandokan, originalmente se hacía con acero Wootz de la India, que es una fundición de hierro con un altísimo contenido de carbono pero sumamente quebradizo, entonces para evitar que se quebrara en el fragor del combate, se aplicaron distintos artilugios, como ser el amasado, torsionado y otros, para luego enterrarlo en tierra de la ciudad de Damasco por un breve lapso y por su alta acidez dejaba a la vista sus distintas vetas y le daba su característica calidad.

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